viernes, 24 de agosto de 2018

La historia de Ana. Una mujer que soñaba con el éxito profesional y la armonía familiar


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Ana, es una mujer considerada exitosa. Es muy inteligente, trabajadora, valiente y decidida. Le gusta su trabajo, liderando proyectos, en una empresa multinacional.  

Tiene una hermosa familia que ama con locura. Quince años de matrimonio con Nacho, y dos hijos: David de once años y Laura de seis años.  

Disfruta de una estabilidad económica, como para permitirse una vida cómoda, aunque sin muchos lujos, y con algunos sueños de viajes y escapadas, que aún quedan por cumplir.  

Su familia, es su prioridad y su razón de vivir, es su motor, que la hace saltar de la cama todos los días para ir a trabajar, y estar pendiente de todos los detalles de la organización familiar. Tiene una vida que podría ser envidiada por cualquier mujer de su edad.

Pero si profundizamos solo un poco en la vida de Ana, encontraremos que no es tan perfecta como aparenta ser.  Veamos, cómo es un día en su rutina diaria...

Ana y su marido, se levantan temprano, a la misma hora.  Mientras Nacho se asea, ella prepara el desayuno, y despierta a los niños para que su padre los lleve a la escuela, que queda en la vía al trabajo.  

David, no quiere levantarse, se duerme tarde por las noches, porque está obsesionado con un videojuego.  Ana, corre de un lado a otro, en busca de la bolsa de la merienda de su hija, hasta que la misma Laura le dice, que se ha quedado en el cole.  Entonces, Ana, improvisa una nueva bolsa, mientras insiste a David para que se levante:

“David, hijo… ¡Mira la hora que es! Vas a hacer que tu padre llegue tarde al trabajo”.

Nacho, llega a la cocina a tomar el desayuno, enfadado porque su hijo todavía no se ha quitado el pijama y camina somnoliento hacia el baño, mientras que él, ya está listo para salir.  

Ana, ayuda a su hija a vestirse, mientras que le dice a David que se dé prisa.  Laura, llega a la cocina llorando, enfada porque mamá le ha obligado a ponerse el vestido azul y ella quiere el vestido rosa.  Ana, pierde la paciencia  y le grita:

“¡Ya te he dicho que ese es el vestido que vas a llevar hoy, y no hay discusión!. Deja de lloriquear, que ya estás mayor para eso. Todas las mañanas tienes que llorar por algo”.

David, aprovecha la oportunidad para burlarse de su hermana: “¡Mira qué llorona eres!”.  Laura enfadada, grita a su hermano “Déjame en paz”, haciendo un gesto de rabia. Sin querer, tira el vaso de leche que estaba bebiendo, manchando su vestido azul. 

- “Lo ha hecho a posta mamá, para que le pongas el vestido rosa”, dice David. 
- "Cállate bocón. No es cierto”, replica Laura.  
- “¡Lo que me faltaba!. Hoy tengo una reunión importante a primera hora. ¡Cámbiate ese vestido ya!”, exclama su padre enfado.
- “Cómo la mandas a cambiarse sola, si ya sabes que se tardará una eternidad”, contesta Ana.

Ana, enfadada, le coloca rápidamente el vestido rosa a su hija, para evitar otra discusión, mientras le dice: “Hoy te has salido con la tuya. Ya tienes tu vestido rosa”. 

Laura, sale contenta con su padre y su hermano, muy de prisa porque es muy tarde. Ana, organiza un poco la cocina, termina de vestirse y sale con mucha prisa, para encontrarse con un buen atasco.  Aunque aprovecha la oportunidad para maquillarse en el coche.


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Una vez más, llega tarde a la oficina y muy agitada.  Se cruza con la mirada de disgusto de su jefe, y ella dice, sintiendo un poco de vergüenza, “Hola, buenos días”.  Su jefe le responde los buenos días entre dientes, y le pide un informe que necesita para hoy mismo.  

Ella pasa toda la mañana tratando de sacar el máximo provecho a cada minuto, porque a las tres de la tarde tiene que salir a recoger a los niños al cole.  Sale de una reunión para otra, entre medias, avanza en el informe que le pidió su jefe.  

Se le acercan dos chicos de su equipo, para hacer una pregunta. Insisten en que es importante, porque no pueden avanzar el proyecto.  Ella detiene lo que está haciendo para escuchar con todos sus sentidos. 

De pronto, contesta muy alterada: "¡Es la tercera vez que tengo que explicar lo mismo! ¿Cuándo será el día que prestaréis atención a lo que os digo?". 

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Cuando cree que al fin puede concentrarse en el informe, recibe una llamada de su marido al móvil, preguntando por unos documentos que él pensaba que estaban en su maletín, ella le contesta muy irritada: “¡No puedo saber dónde dejas todo! ¡Por favor, ocúpate de tus cosas!”. 

A las tres y diez de la tarde, con el dolor de la gastritis, por no haber tomado nada desde que salió de casa, está terminando de enviar unos correos electrónicos, entre ellos, el informe para su jefe.  Sale de la oficina muy de prisa, porque ya son casi las tres y veinte, y tiene que recoger a sus hijos.  Cuando llega al cole, prácticamente, son los últimos niños que están allí esperando. 

Al llegar a casa, Ana comienza a recoger y a limpiar, porque tanto Nacho como los niños "son unos desordenados".  Está cansada de decir una y otra vez que mantengan el orden en casa, pero al final, siempre tiene recogerlo todo, mientras piensa “¿Cuándo será el día que que aprendan a mantener el orden?”. 

David enciende la televisión y aparece la imagen de unos dibujos que le gustan a Laura. De inmediato, cambia el canal, pero fue demasiado tarde.  Laura se balancea sobre él, gritando “Deja mis dibujos”. Forcejean por el mando, hasta que Laura cae sentada en el suelo y comienza a llorar, mientras que David se burla de ella.

Ana, aparece en el salón, furiosa. Los castiga y los envía a habitaciones diferente, mientras les dice: “¡Hoy no hay más tele, ni juegos! Durante toda la tarde, lo único que vais a hacer son vuestros deberes”. Ellos obedecen, protestando, llorando y culpándose el uno al otro. 

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Así transcurre la tarde, discutiendo, gritando e intentando que los niños hagan los deberes.  Cuando llega Nacho a casa, Ana le dice que ha tenido un día terrible así que le corresponde a él, preparar la cena.  Nacho contesta enfadado, que también ha tenido un día muy pesado, aún así, entra a la cocina a ver qué resuelve rápido.  Mientras que Ana, lucha con los niños para que se duchen. 

Más tarde, se encuentran todos en la mesa para cenar, frente a la televisión. Ana se da cuenta de que éste, es el único momento en que todos se han quedado tranquilos, pero solo porque están hipnotizados viendo la tele, sin nada que compartir en familia. 

Nacho, lee un cuento a Laura antes de dormir. David, se despide para ir a la cama, pero en realidad lo que quiere es esconderse en su habitación, para continuar con el videojuego.  

Ana, termina de limpiar el desorden que ha dejado Nacho en la cocina.  Mientras que, él se acomoda en el sofá a ver el noticiero, a la vez que mira su móvil, para desconectar y relajarse un rato. 

Al terminar Ana, se sienta en el sofá junto a él, a mirar las redes sociales en el móvil.  Hacen comentarios breves de cualquier post, noticia o anécdota del día, hasta que se van a la cama a dormir porque están muy cansados, y al día siguiente tienen otro día complicado.


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Ana intenta dormir, pero no puede hacerlo.  Se siente muy cansada, a la vez que muy frustrada por la vida gris que lleva. Ama a sus hijos, pero ya no soporta los conflictos entre ellos. Está cansada de tener que estar en todo, porque si no, la casa se viene abajo.

Está harta de que Nacho no tenga ninguna iniciativa en casa.  Si ella no se lo pide, no se le ocurre hacer nada de manera espontánea, y su hijo David, va por el mismo camino.  Cree que la magia en la pareja ya se extinguió definitivamente, “¿Desde hace cuánto tiempo no nos damos una escapada, los dos solos?”. 

David, pasa el día molestando a su hermana y no se centra en lo que tiene que hacer. Laura, por otro lado, tiene ese carácter tan difícil.  Cree que ya es grande, y puede decidir qué hacer en todo momento. ¿Cómo es posible que con seis años, continúe haciendo esos berrinches por todo? 

Al pensar en el trabajo, siente rabia, impotencia y frustración, porque su jefe, a lo único que presta atención, es a la hora que ella llega y se va. Pero no reconoce todo el esfuerzo que hace por cumplir con el trabajo, en menos horas que los demás.  Es más productiva que otros compañeros que trabajan jornada completa, pero desde que tiene la jornada reducida, no ha tenido ni más ascensos ni más subidas de sueldo. Su carrera brillante, se quedó eclipsada al ser madre.

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Mientras intenta dormir Ana piensa: “¿Será que no puedo tener todo lo que quiero? No puedo ser una buena madre y buena profesional, a la vez.  Tendré que conformarme con una carrera estancada, con unos compañeros de trabajo que piensan de mí, que soy una amargada.  Es que, definitivamente, tengo que estar encima de ellos y enfadarme para que podamos entregar los proyecto a tiempo. Además de la presión de mi jefe, que me tiene en la mira.  

¡Pero, si tampoco soy una buena madre! Intento serlo, pero paso todo el día discutiendo y gritando porque los niños no quieren hacerme caso.  Estoy agotada. No tengo ni un respiro para mí, para leer, hacer yoga, salir con mis amigas.

¿Hasta cuándo voy a seguir soportando todo esto? ¡Qué sola me siento luchando con todo y contra todo!  ¿Será hasta que mis hijos estén grandes y puedan valerse por sí mismo? Pero, ¿Cuándo será eso? ¿Será cuando se casen y se vayan de casa?... 

¡Pero, qué estoy pensando! Si yo quise tener a mis hijos para disfrutarlos, no para desear que se fueran de casa. ¿Qué me está pasando?… 

Con estas reflexiones y vencida por el cansancio, finalmente se duerme, hasta iniciar un nuevo día, igual al anterior.  Así transcurre el tiempo en la vida de Ana.  

Un buen día, se permitió compartir un café con su amiga Sara. Aprovecha la ocasión, para contarle toda su frustración y sus temores, de acabar con una familia completamente disfuncional o rota, mientras que, su pasión profesional también se apaga.

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Sara, la escucha atentamente, y al final dice: “Creo que tengo la solución para ti”.  Entonces, abre su bolso y saca un folleto con la publicidad de un taller para padres, llamado: “Cómo hablar para que los niños y adolescentes escuchen”.  

Ana, se queda mirando la publicidad y dice: 
“¿Serán ciertos todos estos beneficios? ¿Podré establecer límites sanos, sin gritos ni castigos? ¿Podré animar a los niños a colaborar? ¿Podré resolver los conflictos de manera pacífica? ¿Podré crear una atmósfera familiar de amor y respeto?  Parece muy bueno para ser cierto...”


 Taller Cómo hablar

 Sara contesta: 
“Pues, tengo entendido que es un método que funciona. Fíjate que ha sido probado por más de 40 años y ha dado la vuelta al mundo.  ¿Tu familia no será tan diferente a las demás, como para que no os funcione esto?  
Probablemente, también sirva para mejorar tus problemas de comunicación con tu pareja y en tu trabajo.  Es evidente que en todos los problemas que me comentas, está fallando la comunicación. Pienso que, asistiendo a este taller de padres, podrías encontrar muchas soluciones. 
Aunque, si no quieres ir al taller, y prefieres un proceso de acompañamiento personalizado, puedes también solicitar sesiones individuales de facilitación del método “Paternidad Efectiva”.  
Este método, va en la misma línea que el taller, de educación respetuosa, amorosa y con disciplina positiva.  Pero es un proceso más completo, personalizado y profundo. 
Otra cosa muy interesante, es que puedes tomar las sesiones individuales, on-line y en vivo, en una sala virtual, evitando pérdidas de tiempo en desplazamientos.  Es igual de efectivo, que asistir a las sesiones de forma presencial. 
Créeme, he probado el método "Paternidad Efectiva" y es maravilloso. Está revolucionando a miles de hogares en más de 100 países, porque te ayuda a tomar conciencia, para reparar las heridas emocionales, que son la verdadera causa de los comportamientos inadecuados, que podríais estar teniendo tanto tú como tus hijos. 
Este método, te dará también, muchas técnicas y estrategias, que podrás aplicar en casa, para cambiar la dinámica familiar, y de este modo, alcanzar la armonía que tanto deseas.  Fundamentado siempre, en la serenidad, las emociones y el respeto."

 Solicita una sesión gratis de diagnóstico on-line

Ana, se quedó pensativa... 
"¿Qué podría perder? No puedo seguir así, sintiéndome en un túnel sin salida, cada día más atrapada y perdida.  Esta información no ha llegado mi vida de forma casual, ha llegado en el momento que más lo necesito. Ésta, puede ser una pequeña luz al final del túnel.  
Y... ¿si funciona? ¿si logro que mis hijos sean más colaboradores? ¿qué se resuelvan los conflictos de forma positiva? ¿si no tengo que repetir la cosas una y otra vez hasta explotar? ¿si estas herramientas me funcionan también en el trabajo? Definitivamente, no es nada casual que esta información haya llegado a mí en este momento”. 
Ana, siguió el impulso de su intuición y se apuntó al taller. Compartió con otras madres y padres, y se llevó una agradable sorpresa, al ver que otras familias están pasando por la misma situación que la suya.  Encontró respuestas a sus problemas, y se llevó muchas herramientas de comunicación que pudo poner en práctica de inmediato en casa y en el trabajo. 

En muy poco tiempo, Ana notó, que se sentía más conectada con sus hijos y con su pareja.  Había alcanzado mucha complicidad y entendimiento en la familia.  En su trabajo, también se sentía más cercana a su equipo y a su jefe. Ahora, todos trabajan con motivación, y los proyectos salen delante con mayor fluidez.  Ana descubrió que al cambiar ella, su actitud y su forma de comunicarse con el mundo, el mundo le respondería de una forma diferente.

A partir de entonces, Ana supo que tenía que sanar y limpiar muchas heridas de su infancia, y así, sacar la mejor versión de sí misma para su familia. No puede ofrecer a sus hijos, lo que no tiene, lo que no ha sanado en su interior.  Por eso, también tomó las sesiones de facilitación del método "Paternidad Efectiva", y ahora ha logrado esa transformación de vida que anhelaba, desde hace mucho tiempo.  

De esta manera, se encontró en el hermoso camino del crecimiento personal, del cual nunca se apartará, porque la riqueza de la vida está en ser cada día mejor.


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Ana, cada vez, se siente más cerca de su sueño.  Ya no se enfada como antes, siente que tiene más tiempo para sí misma y se encuentra con mayor energía y motivación.  Duerme profundo y tranquila. Se levanta cada día completamente descansada, motivada y con muy buen humor. Esto es, porque se acuesta cada noche, satisfecha y feliz, al lado de su marido, con el que ha recuperado la magia de antaño.  

Sus hijos se tratan entre ellos, con más cariño y respeto, colaboran en casa, y saben de antemano, lo que corresponde hacer a cada uno.  Sus peleas y berrinches prácticamente han desaparecido.  

La gastritis ha mejorado muchísimo, ya casi no la siente.  Ahora, lo que siente, es la felicidad de vivir en armonía y conectada con sus emociones y con las emociones de sus seres queridos, a la vez que renace la pasión por su trabajo.  

Todo esto, gracias al nuevo conocimiento y uso, de herramientas muy poderosas que han transformado su vida y la de su familia.


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Ahora dime... ¿Qué tanto resuena la vida de Ana, con la tuya? ¿Hasta cuando vas a esperar para comenzar a transformar los patrones que no te están funcionando?


Si vives en Madrid y quieres mejorar la comunicación con tus hijos, entonces, esto es para ti...
  http://comohablar.hijosfelices.com/

 Más información sobre los talleres

Si quieres conocer más sobre la facilitación, online y personalizada, del método Patrnidad Efectiva, solicita una sesión de diagnóstico gratis aquí. Por limitación de tiempo, seleccionaré sólo 10 personas con las que trabajar este método.  Solicita la sesión, si estás comprometido(a) con la transformación de tu vida y la de tu familia.


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viernes, 17 de agosto de 2018

¿Vives en Madrid y quieres solucionar los conflictos en tu hogar?

Si eres madre o padre, vives en Madrid y deseas mejorar la comunicación con tus hijos.
Si estás cansado(a) de tener que explotar o castigar, para que tus hijos obedezcan.
Si tienes dificultades en lograr que tus hijos colaboren en casa.

Si estás cansado(a) de tener que controlarlo todo para que el sistema familiar funcione.

Si ya no quieres más conflictos en tu hogar, que estallan por cualquier motivo.


 Taller Cómo hablar a tus hijos

Entonces, este mensaje es para ti...


La mayoría de los conflictos que tenemos con otras personas, en especial con nuestros seres queridos, radican en que no sabemos expresar de manera asertiva nuestras necesidades, opiniones o peticiones.  

Normalmente, espero que la otra persona me entienda, porque creo que es capaz de ver la situación tal como la yo la veo.  Pero cada cabeza es un mundo, y una misma realidad tiene diferentes puntos de vista.  

Esta situación se acentúa más cuando se trata de niños y adolescentes.  Ellos miran al mundo, de forma muy diferente a como lo hacemos los adultos.  Por eso, si quieres que tus hijos te escuchen y atiendan a tus peticiones o entiendan tu punto de vista, tienes que hablar de una manera diferente a cómo lo haces normalmente. 

Si cambias tu modo de hablar a tus hijos, te aseguro que lograrás mucha más apertura y colaboración por su parte, a la vez que conectarás mucho más con ellos.

Pero quiero decirte que hoy estás de suerte, nada es casual.  Si este artículo ha llegado a ti, es porque tienes que participar en el taller "Cómo hablar para que los niños y adolescentes escuchen". Está basado en la metodología desarrollada por las estadounidenses Adele Faber y Elaine Mazlish, que ha recorrido el mundo desde hace más de 40 años, con resultados maravillosos en la comunicación familiar.

A través de dinámicas interactivas con otros padres, podrás aprender y asimilar muchas técnicas de comunicación asertiva, que podrás aplicar con tus hijos y acabar con las luchas de poder que desgastan tanto la relación.  Herramientas que también te funcionarán en todas tus relaciones personales.

En este taller aprenderás a:

  • Expresar el enfado sin herir.
  • Establecer límites con alternativas al castigo.
  • Acompañar a los niños y adolescentes para gestionar sus emociones.
  • Estimular la autonomía y la colaboración en tus hijos.
  • Ayudar a tus hijos a desarrollar una imagen real y positiva de sí mismos.
  • Resolver los conflictos de manera pacífica.
El taller tiene una duración de 14 horas, que estarán distribuidas en 7 sesiones semanales, o 3 sábados intercalados.  Los horarios que ofrecemos son:
  • Martes de 16:30 a 18:30 horas. 7 semanas, a partir del 11 de septiembre.
  • Martes de 19:00 a 21:00 horas. 7 semanas, a partir del 11 de septiembre.
  • Sábados de 09:30 a 14:30 horas. Los días 15 y 29 de septiembre, y el 13 de octubre.
Si quieres una relación familiar sana, no dejes de apuntarte hoy mismo al taller "Cómo hablar para que los niños y adolescentes escuchen". Sólo tienes que hacer clic aquí para realizar tu inscripción. Los hijos crecen muy rápido, ésta es tu oportunidad para solucionar los problemas de comunicación que te roban tanta energía, y puedas lograr la armonía en tu hogar. 

Los cupos son limitados.  Sólo aceptamos un máximo de 10 personas por taller, para que todos podamos participar y profundizar la experiencia.  Por eso te invito a registrarte ahora mismo haciendo clic aquí.  Además, disfrutarás de un descuento del 20% si lo haces antes del 31 de agosto.

 http://comohablar.hijosfelices.com/


Nos vemos en el taller…


 Taller Cómo hablar a tus hijos


miércoles, 15 de agosto de 2018

Cómo guiar el comportamiento de nuestros hijos


¿Cuándo fue la última vez que gritaste y explotaste con alguno de tus hijos? ¿Te ocurre con frecuencia? ¿Te has sentido culpable después de reaccionar de esta manera? ¿O más bien implosionas, guardando y acumulando el enfado sintiéndote cada día peor?

Es normal que, con las tensiones y el cansancio de la rutina diaria, descienda tu nivel de energía y con ello, descienda también el nivel de paciencia con tus hijos.  Además, es probable que tus hijos no te hagan caso a la primera y esto te crispa los nervios.  Quizás, con cierta frecuencia, reaccionas de una manera exagerada con cualquier comportamiento que no toleras de tus hijos, y acabas lastimando sus sentimientos para luego sentirte culpable.

Recuerda que los niños aprenden más con el ejemplo que con las palabras.  Si quieres que tus hijos aprendan a gestionar sus emociones y sus comportamientos, tú debes dar el ejemplo.  El hecho de gritar y explotar le genera al niño inseguridad y desconfianza. Además, si estas reacciones van acompañadas de amenazas, castigos, golpes u ofensas, estarás lastimando también su autoestima y su sentido de valor personal.  

Todo esto, trae como consecuencia que el niño vaya empeorando su comportamiento y tú también reacciones cada vez peor. De esta manera, entras con tus hijos en un círculo vicioso de malos comportamientos, explosiones y sentimientos de culpa que denominamos "Patrón Reactivo". Lo peor de todo, es que al final, en vez de educar niños sanos y felices, estaremos educando hijos heridos, con baja autoestima, tal vez sumisos, agresivos o apáticos.  

Está en tus manos la responsabilidad de romper este patrón reactivo.  Es muy simple pero no tan sencillo.  Requerirá un poco de práctica, porque este es un patrón que está totalmente arraigado en tu inconsciente y por ello se manifiesta de forma automática.  Observas el comportamiento, sientes hervir tu sangre y reaccionas de inmediato, ya sea con explosión o implosión.  Pero no te preocupes por las oportunidades para practicar, porque tus hijos seguramente se encargarán de propiciar estas situaciones con frecuencia 😉

En primer lugar, incluye en tu rutina diaria momentos de conexión con tu interior, con tus propias emociones, y de esta manera recargarás energía. Para poder dar lo mejor de nosotros mismos, debemos hacer buen uso de nuestra energía.  Mientras más elevada y estable se encuentre, y cuanto más conectados estemos con nuestras propias emociones, encontraremos más serenidad.  Esto es fundamental para conectar con las emociones de nuestros hijos y estar menos irritables. De esta forma, estaremos preparados para responder con inteligencia emocional.

De igual manera, cuida también que se respete el bio-ritmo de tus hijos, para que su energía también se encuentre en niveles adecuados. Esto permitirá mantener alejados los comportamientos no deseados. Un niño cansado, con sueño o hambre, estará más propenso a comportase de forma inadecuada.

Por otra parte, los niños son nuestros mejores maestros, ellos son espejos de los patrones que debemos trabajar en nuestro ser. Si observamos en profundidad la dinámica de lo que ocurre dentro de nuestro patrón reactivo, los hijos no son la verdadera causa de las reacciones que tenemos. Simplemente, ellos con su comportamiento, están tocando el detonador de una parte de nuestra historia personal, que aún no hemos sanado.

Detente un momento a reflexionar con estas preguntas: ¿Cuáles son los comportamientos de mis hijos con los que peor reacciono? ¿Qué heridas de mi infancia estarán tocando? ¿Qué introyecto o regla impuesta por mis padres o la sociedad se está quebrantando con cada uno de estos comportamientos? ¿Realmente estos comportamientos ameritan mi reacción? ¿Qué hacían mis padres cuando yo me comportaba de esta manera? ¿De qué parte de mi historia viene esta reacción?

Encontrarás algunas respuestas interesantes con estas preguntas, pero también es posible que no logres verlo con total claridad, porque estas respuestas suelen estar en un rincón de nuestra mente inconsciente que el consciente no es capaz de ver.  Muchas veces, necesitamos algún tipo de terapia o vivir una situación verdaderamente difícil para poder quitar la venda de los ojos y comenzar a ver esa zona ciega, mostrándonos lo que realmente está en el fondo y nos hace reaccionar.  Este es el paso que requiere mayor trabajo interior.

Por último, piensa en una persona que admires por su asertividad, ese modelo que te gustaría seguir. Puede ser alguien de tu familia o alguien de la historia de la humanidad o un personaje de ficción.  Una vez que lo tengas identificado, cada vez que se presente una situación en la que sueles reaccionar, si estás en contacto con tus emociones, podrás identificar rápidamente que se aproxima la reacción y podrás romper el patrón. ¿Cómo? Detente, respira profundo unas cuantas veces, contacta con tu propia emoción, identifica la emoción de tu hijo en ese momento, y pregúntate ¿qué haría esta persona que admiro en mi lugar?

Te sorprenderás de la respuesta que surgirá de tu sabiduría interna. Puedes expresar los límites con mucha claridad, firmeza y serenidad, respondiendo con sabiduría y no reaccionando desde tus heridas e introyectos. Cuando lo haces de esta manera, los niños entienden mejor el límite y respetan más la autoridad.

Te invito a poner en práctica estos pasos, profundizando cada vez más en tu historia personal, y notarás pronto un cambio en tus reacciones y una gran mejora en el comportamiento de tus hijos.  

Es momento de abandonar las viejas prácticas que no están funcionando en tu relación con tus hijos y tomar las riendas de una educación desde el SER para una educación armónica, donde tus hijos crecerán sanos y felices.

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El ejemplo como legado para tus hijos

Como padre o madre, normalmente,queremos lo mejor para nuestros hijos. Soñamos con un futuro lleno de éxito y felicidad para ellos. ...