martes, 11 de diciembre de 2018

El ejemplo como legado para tus hijos


Como padre o madre, normalmente,queremos lo mejor para nuestros hijos. Soñamos con un futuro lleno de éxito y felicidad para ellos.  Son tan importante para nosotros, que por ellos renunciamos a nuestros más anhelados sueños. Porque ellos nos necesitan a su lado, y también, necesitan que trabajemos duro para darles todo lo que se merecen.

En este afán de dar lo mejor a nuestros hijos, muchas veces nos cegamos, y comenzamos a correr de manera desenfrenada entre una serie de actividades, sin detenernos a pensar en profundidad para qué lo que estamos haciendo. Además, nos enfocamos con facilidad en los acontecimientos negativos del presente y del pasado, para proyectarlos con miedo hacia el futuro.

Ese miedo nos hace responder alas urgencias del día a día, sin objetivos claros a largo plazo, sin estrategia y sin el enfoque correcto. De esta manera, caemos en la ansiedad y el estrés. 

El estrés es la principal enfermedad del siglo XXI, es lo que más está matando a nuestra sociedad. Nos vamos diluyendo en pequeños detalles urgentes, mientras que nos olvidamos de lo que es realmente importante como, por ejemplo: nuestros sueños, nuestra salud, nuestra estabilidad emocional y especialmente, nuestros hijos.

Se supone que todo esto lo hacemos por ellos, pero lo que logramos es una profunda desconexión, con la familia y con nosotros mismos.  ¿Cuántas veces has perdido rápidamente la paciencia con tus hijos o tu pareja, por el cansancio o estrés? 

Cada día nos levantamos con prisa y cansados, medio tomamos algo a la carrera antes de salir de casa, y nos metemos en el tráfico para ir a trabajar. Soportamos una jornada laboral intensa, resolviendo urgencias todo el día.  Volvemos a casa más cansados,preparamos la cena, y con suerte, compartimos un poco con nuestros hijos, porque también invertimos tiempo en gritar, ya que se nos ha consumido la paciencia y los demás no entienden lo que esperamos de ellos. 

Luego, nos quedamos hipnotizados un par de horas frente a la televisión “para despejar la mente”, viendo series violentas,noticieros también violentos o algún programa de entretenimiento o cotilleo que realmente no aporta nada a nuestra vida. Así nos quedamos dormidos, para comenzar el siguiente día, el mismo ciclo. 

¡Cuánto añoramos las vacaciones cuando estamos sumergidos en esta dinámica!

¡Cómo cansa correr sin parar en la rueda del hámster!

No digo que esta sea tu vida,pero quizás estés sumergido(a) en una rutina similar, que te roba la energía.  Si en el día a día, cuando te ves en el espejo, es sólo para peinarte de prisa o maquillarte, llegará el día en que logres mirarte realmente y no te gustará la imagen que te devolverá el espejo.  En ese momento pensarás: “¿Qué he hecho con mi vida? ¿En qué momento se me han ido los años? ¡Esta no es la vida que soñaba vivir!”.

Luego, te conformas con la idea de que esta es la vida que “te ha tocado vivir” y tus sueños los trasladas a tus hijos, deseando que sean ellos los que vivan una realidad diferente…  ¡Ojalá mis hijos sí logren vivir la vida de sus sueños!
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Pero te tengo una noticia…

Tus hijos aprenden con el ejemplo y se dan cuenta mejor que tú, de la vida que llevas.  Un niño que crece viendo a sus padres que viven sin pasión, con estrés, llenos de tensión, de responsabilidades, de“Tengo qué…”, aprende en su inconsciente que eso es ser adulto. 

Por más que les digas a tus hijos que tienen que luchar por sus sueños, ellos notarán el vacío en esas palabras,porque lo dices sin creerlo y sin experimentarlo.  En sus mentes prevalecerá las frases “la vida es dura”, “no puedes pretender que las cosas sean como quieres”, “hay que ser realistas”.  Así asumirán que como adulto,tendrá que hacer esas cosas que observó que siempre hacías. 

Cuando tus hijos dejen su infancia atrás, también dejarán de soñar y de creer que pueden alcanzarlo. Apagarán esa llama interior que mantenía encendida la ilusión y la pasión, para finalmente adaptarse al sistema de los adultos autómatas.  Hasta que cuando tengan hijos, puedan descargar esa ilusión contenida, pensando que ellos sí cumplirán los sueños que no lograron, o que tan siquiera intentaron. Así vamos transmitiendo este ejemplo de generación en generación, cargando a nuestra sociedad de personas pesimistas, tristes, vacías y/o violentas.

Mi invitación es a que detengas un momento tu carrera del día a día y reflexiones… ¿Dónde acabaron tus sueños de la infancia, tus sueños de adolescente? Esos sueños que tenías cuando querías comerte al mundo y sentías la confianza de que podías hacerlo.  ¿En qué momento tomaste la decisión de entrar en la rueda del hámster?

Ya sé, ahora estarás pensando en algunas excusas de por qué estás viviendo la vida así: La economía, los políticos…  Pues, las excusas para lo único que sirven es para detenernos y conformarnos con lo que somos y hacemos.  No vuelvas a preguntarte ¿Por qué?, porque sólo hallarás excusas. 

Una de las premisas de la Programación Neurolingüística es: “La calidad de tu vida depende de la calidad de tus preguntas”.  Así que comienza a hacerte preguntas que sean más valiosas para tu vida.  Pregúntate: ¿Qué puedo hacer a partir de ahora para recuperar la ilusión por mis sueños? ¿Qué puedo comenzar a hacer para revivir mi pasión por la vida? ¿Cómo puedo dar un mejor ejemplo a mis hijos? ¿Cómo puedo convertirme en la persona que los inspire realmente, a lograr la vida de sus sueños? 

Comienza por ocuparte de tus propios sueños, mientras tengas vida puedes hacerlo, nunca es tarde para transformar tu vida, no descargues tus frustraciones en tus hijos.  Enséñales que la vida es una, y tenemos que vivirla intensamente. Que hemos venido a este mundo a ser felices, a desarrollar y compartir nuestros talentos, a aprender ser cada día mejores personas.  Y esto sólo se logra con pasión, ilusión y acción. 

Recuerda que las personas que han logrado grandes éxitos, han sido quienes creyeron en sus sueños y nunca desistieron, aunque haya sido difícil y los demás no los apoyaran.  Además, te aseguro, que el apoyo de una madreo un padre, que de verdad cree y practica lo que dice, ofrece una confianza enorme a sus hijos, que les ayudará a conseguir todo lo que se propongan.

Normalmente, sobre-estimamos lo que podemos lograr en un año y cuando no lo alcanzamos, nos frustramos y abandonamos.  Esto también ocurre, porque subestimamos lo que podemos alcanzar en 5 o 10 años.  Piensa… ¿Hasta que edad crees que vivirás? ¿Cuántos años te quedan para alcanzar esa edad? ¿Diez, veinte, treinta años? ¿Cuánto podrías hacer durante ese tiempo?

Mi recomendación es que reconectes con tu pasión y tus sueños personales para luego fijar un objetivo a medio o largo plazo.  Este objetivo tiene que ser muy específico para que puedas ir midiendo tus progresos.   Y la manera de alcanzarlo es con paciencia, priorización de tareas, acción continúa y disfrute. Esa es la clave.

Conviértete en un viajero de la vida, que disfruta y aprende de lo que va encontrando en el camino.  Fija el lugar a donde quieres llegar y ponte en marcha.  Cuando vas conduciendo por un largo viaje si te enfocas en los kilómetros que te quedan por recorrer, te producirá ansiedad y frustración.  Pero, si te enfocas en aprender y disfrutar del camino, llegarás casi sin darte cuenta, y te sorprenderás todo lo recorrido cuando mires atrás.

Tu ejemplo es el legado más valioso que podrás dejar a tus hijos y ellos serán tu mayor motivación para no detenerte. 

No se trata de hacer lo mismo una y otra vez para obtener los mismos resultados que no quieres en tu vida.  Se trata de fijar un objetivo que te llene de ilusión, planear una estrategia, ponerte en marcha, e ir corrigiendo la estrategia en el camino, según se van presentando las dificultades, pero siempre con un objetivo muy claro.  No pierdas tu tiempo, no pierdas tu vida, ponte en marcha hoy mismo en el camino hacia tus sueños. En la felicidad y la paz interior que encontrarás en este viaje, podrás inspirar a tus hijos para que también sean felices y exitosos.
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sábado, 10 de noviembre de 2018

Responsabilidad De Los Padres En El Bullying


El Bullying o acoso escolar, aunque ha existido desde siempre, en los últimos años hemos experimentado un incremento alarmante en nuestra sociedad, tanto en número de casos como de gravedad de los hechos violentos.  

Las estadísticas indican que, en España, la mayor incidencia de Bullying es en adolescentes entre los 12 y 16 años, donde 1 década 5 estudiantes ha sido víctima de acoso, con mayor porcentaje de niñas. 

Hay una tendencia del ser humano de rechazar a lo que se sale de lo establecido como “normal”, por defensa natural de nuestra mente primitiva. Como especie social que somos, esta defensa nos ha ayudado a reforzar nuestro sentido de pertenencia a un grupo, a la vez que nos protege delos posibles peligros, que puede representar algo o alguien desconocido.   

El problema es que nuestro cerebro primitivo no ha evolucionado con la misma rapidez que lo ha hecho nuestra sociedad. Charles Darwin aseguraba que “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”. 

La especie humana ha sobrevivido, lo cual significa que se ha adaptado bastante bien a los cambios evolutivos, pero todavía le queda mucho por hacer para lograrlo sin afectar tanto a su propia vida y a su entorno. 

Estamos en un momento histórico donde los cambios van muy de prisa.  Se dice que, en los últimos 60 años, con la evolución tecnológica, hemos tenido más cambios, que en los anteriores 2000 años. Avances,que nos han traído muchas cosas positivas, pero también han incrementado algunos problemas como, por ejemplo, hoy es más fácil acosar o destruir la reputación de una persona con consecuencia psicológicas muy fuertes, con el cyberbullying o el sexting.

Por esto, todos debemos prestar mucha atención,especialmente los padres, ya que nuestros hijos buscarán la forma de sobrevivir para adaptarse de la mejor manera que encuentren, y las herramientas de las que disponen de forma más inmediata, son las actitudes más primitivas de respuesta frente al peligro: La huida o el enfrentamiento.  Es nuestro deber como padres, proporcionar herramientas asertivas, para responder de forma adecuada respetando a los demás y así mismos.

Así pues, el bullying es un problema que tiene su origen y solución en casa, no en las escuelas ni en el gobierno de turno. Es cierto, que es más fácil señalar como culpables a las escuelas, por no”vigilar” más a sus alumnos para evitar estos actos violentos, o al gobierno, por no establecer medidas legislativas que castigue con más fuerza estos hechos. 

Pero lo cierto es, que nuestra responsabilidad como padres, es educar adecuadamente a nuestros hijos, fomentando una alta autoconfianza, autoestima e inteligencia emocional para que, podamos prevenir que se conviertan en víctimas o victimarios de acoso escolar.  El trabajo más efectivo es el preventivo, no el paliativo.

Debemos asumir que la verdadera educación se imparte en casa. Las escuelas están para aportar conocimientos, pero son los padres lo que deben aportar, amor, empatía, contención, valores, normas y respeto.  En casa, es el lugar donde ellos aprenderán a gestionar sus emociones y a cultivar sus propios valores, carácter y autoestima. Herramientas de desarrollo personal claves, para relacionarse de manera sana en la escuela y en cualquier entorno social donde se involucren, con empatía, tolerancia y respeto. 

El mayor trabajo que tienes como madre o padre es, enseñar con tu propio ejemplo.  Tienes que demostrar todas estas cualidades frente a cualquier persona, comenzando con tus propios hijos.  No puedes pretender que tus hijos aprendan a ser respetuosos con los demás y consigo mismo, si tú no respetas su opinión o sus gustos.  No puedes pretender que sean tolerantes ante las diferencias con otras personas, si no paras de criticar a los demás, incluyendo a ellos mismos. 

Por favor, no etiquetes a nadie y mucho menos a tus hijos.  Ya basta de decir “Eres….” cuando se trata de reprender un comportamiento.  Por ejemplo, sería tan sencillo y sano decir: “No me gusta el comportamiento que estás teniendo, me complace más cuando de comportas de esta otra manera”, en vez de decir: “¡Eres un irresponsable! ¡Eres un torpe! ¡Nunca haces nada bien!” 

Estás frases, que en el fondo tienen la sana intención de que el niño mejore su comportamiento, realmente lo que hacen es reafirmar en él, una identidad que se grabará en su inconsciente, por lo que lejos de cambiar de actitud, cada día se comportará más acorde a esta identidad impuesta por sus propios padres.  

Tenemos que cuidar muy bien cada frase que sale de nuestra boca para nuestros hijos, porque si lo piensas bien, los primeros que iniciamos el bullying somos los padres.  La agresión psicológica comienza con lo que tú trasmites, con la forma de expresarte hacia tus hijos o hacia los demás. 

Me da muchísima pena e indignación, por ejemplo, cuando en un partido de futbol de niños, los padres comienzan a gritar cualquier clase de improperios, dando tan mal ejemplo y lastimando la autoestima de estos niños.   

Es posible que no seas agresivo(a) con tus hijos, pero es posible que acostumbres a minimizar sus problemas desde muy pequeños, minimizando así sus necesidades y valor personal, utilizando frases como: “Deja de llorar. Eso no tiene tanta importancia”.

Es momento de que comiences a ser más consciente de tus palabras y acciones frente a tus hijos, corta ya con todos esos patrones familiares que repites en automático y que alguna vez te hirieron, porque ahora están hiriendo a tus hijos.  Conviértete en un padre consciente.

También me gustaría puntualizar un hecho que se da constantemente.  Cuando nos enteramos de un caso de bullying, de inmediato señalamos y criticamos con ira al agresor y queremos que pague con mucha dureza, el maltrato que ha cometido contra sus víctimas. 

Queremos acabar la violencia con más violencia, cosa que no funciona, sino que la incrementa.  Pues permíteme decirte algo… Este agresor, es muy probable, que ha sido también una víctima de bullying y víctima de su sistema familiar.  La agresión es la forma disfuncional que encuentra el niño o adolescente, para recuperar la confianza en sí mismo. 

Queremos mucho a nuestros hijos, pero esto no nos deja exentos de hacerles heridas emocionales de forma inconsciente, sino tomamos consciencia de nuestro comportamiento.  Un niño con una herida en su percepción de valor personal puede repetirse en su cabeza, muchas veces de manera inconsciente, una de las dos siguientes frases, ambas con consecuencias muy dañinas:

“No valgonada”.  Es un niño con autoestima muy baja, que siente que no vale como persona, que teme expresar su opinión o sus necesidades, tendrá una actitud sumisa y retraída, tomará la decisión de callar y aceptar lo que otros le impongan, para intentar pasar desapercibida y evitar el dolor de la humillación.  Lo que no sabe es, que esta actitud le traerá mucho más dolor, porque será un blanco fácil para el bullying. 

“Tengo quede mostrar mi valor personal”.  También es un caso de baja autoestima, pero la decisión es convertirse en un agresor para demostrarse a sí mismo, a sus padres y al mundo, su propio valor personal.  Ya que no puede luchar contra sus padres o contra los adultos que le maltratan o desvalorizan, canaliza su ira maltratando a una persona que considera más débil.
Aquí tenemos claramente el perfil de la víctima y el acosador, ambos son víctimas de su sistema familiar.  Por esto, el mensaje que quiero que te lleves de este artículo es que el bullying comienza en casa y la única forma de detenerlo, es corrigiendo la actitud que tenemos frente a nuestros hijos. 

Por muy insignificantes que nos parezcan algunas acciones que realizamos, podríamos estar lastimando seriamente a nuestros hijos, porque recuerda que somos sus héroes, lo más importante que tienen desde que nacen.

Por esto, debemos educarnos a nosotros mismos,aprender inteligencia emocional y ocuparnos de nuestro crecimiento personal,para aprender a ser asertivos, ser capaces de respetar y exigir respeto, estableciendo límites sanos, con mucha empatía y firmeza, tanto con nuestro propio entorno social como con nuestros hijos.

Si nos convertimos en unos líderes asertivos de nuestros hijos, estaremos fortaleciendo su autoestima, a la vez que aprenderán de nuestro ejemplo, y así obtendrán las herramientas internas necesarias para no asumir ningún de los roles que entran en juego en el bullying.  De esta manera, estaremos educando verdaderos hijos sanos y felices.

viernes, 5 de octubre de 2018

Cómo cuidar la inteligencia emocional de nuestros hijos


La Inteligencia emocional, es la capacidad para comprender y gestionar nuestras propias emociones.  Normalmente, escuchamos hablar sobre este tema, como si se tratara de algo que debemos aprender a desarrollar.  Cuando en realidad se trata de todo lo contrario, los niños vienen al mundo con una gran inteligencia emocional que van perdiendo a través de los años.

Los niños, viven muy conectados con sus emociones, y es a través de su manifestación, como se comunican con el mundo exterior.  Conforme van creciendo, disminuye su inteligencia emocional porque aprenden a bloquearlas y a desconectarse de ellas, debido a que es lo que les enseña, una sociedad de adultos desconectados.  Para volver a desarrollar esa capacidad disminuida en la adultez, es necesario hacer un gran trabajo interior.

¿No crees que evitaríamos muchos problemas a nuestros hijos si nos ocupásemos en que no pierdan su inteligencia emocional?

Es curioso que la especie humana, es la única capaz de llorar para exteriorizar emociones.  Un bebé, desde el momento que nace, sabe hacerlo muy bien y con mucho ruido. Podemos llorar por tristeza, rabia, alegría o impotencia. Los científicos, aún no conocen el motivo exacto por el que lloramos, pero están de acuerdo en que es una forma poco amenazante de mostrar nuestras emociones, provocando compasión y empatía.  Al fin y al cabo, somos seres sociales.

Además, el llanto es muy bueno para la salud, en el sentido de que nos permite descargar la tensión de la emoción.  Toda emoción, para que fluya libremente, debe pasar por un ciclo de carga y descarga.  Así como el corazón carga y descarga la sangre, los pulmones cargan y descargan aire, necesitamos cargar y descargar emociones.

Cuando reprimimos el llanto, o cualquier manifestación de una emoción, estamos bloqueando su flujo natural.  Si esto se hace de forma repetida, ocasionamos un bloqueo energético en nuestro cuerpo y una profunda herida emocional inconsciente, que repercutirá de forma muy negativa en nuestras acciones y en nuestro organismo, a lo largo de nuestra vida.

Por la misma razón, es importante y necesario, permitir que los niños descarguen la ira, ya sea golpeando una almohada, aplastando un muñeco de plastilina, saltando, gritando o corriendo.  Deben hacerlo, para que no se enquiste la emoción y no se convierta en resentimiento.  Podemos enseñarles que está bien enfadarse y se puede descargar la emoción, siempre que no sea sobre otra persona.

Asimismo, el miedo, es necesario reconocerlo y entender de dónde proviene, para que podamos dar el apoyo que necesitan nuestros hijos y enfrentar sus miedos adecuadamente, evitando que se conviertan en pánico.  Muchas veces, no le damos importancia a los miedos de nuestros hijos, los minimizamos, sin antes entender lo importante y reales que son para ellos. Esta incomprensión, no hace más que acrecentar en ellos el miedo, y con ello, la inseguridad y la desconfianza.

Por su puesto, que todo esto también aplica para ti.  Debes hacer un trabajo interno para recuperar tu inteligencia emocional y puedas acompañar de manera más efectiva a tus hijos en este proceso.  En primer lugar, tienes que lograr mucha serenidad para poder observar con atención.  Después, puedes comenzar a reconocer y dar nombre a las emociones que sientes, y que sienten tus hijos en cada momento, así como también su grado de intensidad.

Cada emoción que se manifiesta, es un mensaje de la mente inconsciente que debemos aprender a descifrar.  Ellas no surgen porque sí, siempre hay algo que las desencadenan:  una situación, un pensamiento, una creencia…  Bloquear una emoción o sugerir a un niño que está mal manifestar lo que están sintiendo, puede generar un gran conflicto interno, que puede acabar en la negación de sí mismo, culpa, resentimiento, desconexión, indiferencia o insensibilidad. Todo esto, al final se refleja en comportamientos inadecuados y baja autoestima.

Espero que después de esta lectura, cada vez que veas a uno de tus hijos manifestando una emoción, evites intentar detenerle, o cambiar bruscamente su atención a otro tema.  Por el contrario, pregúntate en ese momento ¿cuál es la emoción que está manifestando? ¿Cuál es la necesidad que tiene en estos momentos? ¿Cómo me estoy sintiendo yo? ¿Por qué me siento así? ¿Cómo puedo ayudarle a canalizar la descarga de su emoción? ¿Cómo puedo descargar mi propia emoción sin lastimarlo?

Luego, actúa con empatía para que fluya la descarga emocional.  Esto no se trata de conceder cualquier tipo de capricho, sino de reconocer tu emoción y la de tu hijo, para conectar con profundidad. De este modo, cuando tengas que ser firme con un límite, harás que el niño se sienta comprendido y que entienda que no está mal sentir lo que está sintiendo, aunque no pueda satisfacer su demanda en ese momento.  Verás entonces que, con serenidad, empatía y respeto, tus hijos aceptarán con más facilidad las normas y los límites, al mismo tiempo que crecen emocionalmente sanos y felices.  Esto es educar desde el SER.

Es momento de abandonar las viejas prácticas que no están funcionando en tu relación con tus hijos y tomar las riendas de una educación desde el SER para una educación armónica, donde tus hijos crecerán sanos y felices.

viernes, 24 de agosto de 2018

La historia de Ana. Una mujer que soñaba con el éxito profesional y la armonía familiar


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Ana, es una mujer considerada exitosa. Es muy inteligente, trabajadora, valiente y decidida. Le gusta su trabajo, liderando proyectos, en una empresa multinacional.  

Tiene una hermosa familia que ama con locura. Quince años de matrimonio con Nacho, y dos hijos: David de once años y Laura de seis años.  

Disfruta de una estabilidad económica, como para permitirse una vida cómoda, aunque sin muchos lujos, y con algunos sueños de viajes y escapadas, que aún quedan por cumplir.  

Su familia, es su prioridad y su razón de vivir, es su motor, que la hace saltar de la cama todos los días para ir a trabajar, y estar pendiente de todos los detalles de la organización familiar. Tiene una vida que podría ser envidiada por cualquier mujer de su edad.

Pero si profundizamos solo un poco en la vida de Ana, encontraremos que no es tan perfecta como aparenta ser.  Veamos, cómo es un día en su rutina diaria...

Ana y su marido, se levantan temprano, a la misma hora.  Mientras Nacho se asea, ella prepara el desayuno, y despierta a los niños para que su padre los lleve a la escuela, que queda en la vía al trabajo.  

David, no quiere levantarse, se duerme tarde por las noches, porque está obsesionado con un videojuego.  Ana, corre de un lado a otro, en busca de la bolsa de la merienda de su hija, hasta que la misma Laura le dice, que se ha quedado en el cole.  Entonces, Ana, improvisa una nueva bolsa, mientras insiste a David para que se levante:

“David, hijo… ¡Mira la hora que es! Vas a hacer que tu padre llegue tarde al trabajo”.

Nacho, llega a la cocina a tomar el desayuno, enfadado porque su hijo todavía no se ha quitado el pijama y camina somnoliento hacia el baño, mientras que él, ya está listo para salir.  

Ana, ayuda a su hija a vestirse, mientras que le dice a David que se dé prisa.  Laura, llega a la cocina llorando, enfada porque mamá le ha obligado a ponerse el vestido azul y ella quiere el vestido rosa.  Ana, pierde la paciencia  y le grita:

“¡Ya te he dicho que ese es el vestido que vas a llevar hoy, y no hay discusión!. Deja de lloriquear, que ya estás mayor para eso. Todas las mañanas tienes que llorar por algo”.

David, aprovecha la oportunidad para burlarse de su hermana: “¡Mira qué llorona eres!”.  Laura enfadada, grita a su hermano “Déjame en paz”, haciendo un gesto de rabia. Sin querer, tira el vaso de leche que estaba bebiendo, manchando su vestido azul. 

- “Lo ha hecho a posta mamá, para que le pongas el vestido rosa”, dice David. 
- "Cállate bocón. No es cierto”, replica Laura.  
- “¡Lo que me faltaba!. Hoy tengo una reunión importante a primera hora. ¡Cámbiate ese vestido ya!”, exclama su padre enfado.
- “Cómo la mandas a cambiarse sola, si ya sabes que se tardará una eternidad”, contesta Ana.

Ana, enfadada, le coloca rápidamente el vestido rosa a su hija, para evitar otra discusión, mientras le dice: “Hoy te has salido con la tuya. Ya tienes tu vestido rosa”. 

Laura, sale contenta con su padre y su hermano, muy de prisa porque es muy tarde. Ana, organiza un poco la cocina, termina de vestirse y sale con mucha prisa, para encontrarse con un buen atasco.  Aunque aprovecha la oportunidad para maquillarse en el coche.


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Una vez más, llega tarde a la oficina y muy agitada.  Se cruza con la mirada de disgusto de su jefe, y ella dice, sintiendo un poco de vergüenza, “Hola, buenos días”.  Su jefe le responde los buenos días entre dientes, y le pide un informe que necesita para hoy mismo.  

Ella pasa toda la mañana tratando de sacar el máximo provecho a cada minuto, porque a las tres de la tarde tiene que salir a recoger a los niños al cole.  Sale de una reunión para otra, entre medias, avanza en el informe que le pidió su jefe.  

Se le acercan dos chicos de su equipo, para hacer una pregunta. Insisten en que es importante, porque no pueden avanzar el proyecto.  Ella detiene lo que está haciendo para escuchar con todos sus sentidos. 

De pronto, contesta muy alterada: "¡Es la tercera vez que tengo que explicar lo mismo! ¿Cuándo será el día que prestaréis atención a lo que os digo?". 

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Cuando cree que al fin puede concentrarse en el informe, recibe una llamada de su marido al móvil, preguntando por unos documentos que él pensaba que estaban en su maletín, ella le contesta muy irritada: “¡No puedo saber dónde dejas todo! ¡Por favor, ocúpate de tus cosas!”. 

A las tres y diez de la tarde, con el dolor de la gastritis, por no haber tomado nada desde que salió de casa, está terminando de enviar unos correos electrónicos, entre ellos, el informe para su jefe.  Sale de la oficina muy de prisa, porque ya son casi las tres y veinte, y tiene que recoger a sus hijos.  Cuando llega al cole, prácticamente, son los últimos niños que están allí esperando. 

Al llegar a casa, Ana comienza a recoger y a limpiar, porque tanto Nacho como los niños "son unos desordenados".  Está cansada de decir una y otra vez que mantengan el orden en casa, pero al final, siempre tiene recogerlo todo, mientras piensa “¿Cuándo será el día que que aprendan a mantener el orden?”. 

David enciende la televisión y aparece la imagen de unos dibujos que le gustan a Laura. De inmediato, cambia el canal, pero fue demasiado tarde.  Laura se balancea sobre él, gritando “Deja mis dibujos”. Forcejean por el mando, hasta que Laura cae sentada en el suelo y comienza a llorar, mientras que David se burla de ella.

Ana, aparece en el salón, furiosa. Los castiga y los envía a habitaciones diferente, mientras les dice: “¡Hoy no hay más tele, ni juegos! Durante toda la tarde, lo único que vais a hacer son vuestros deberes”. Ellos obedecen, protestando, llorando y culpándose el uno al otro. 

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Así transcurre la tarde, discutiendo, gritando e intentando que los niños hagan los deberes.  Cuando llega Nacho a casa, Ana le dice que ha tenido un día terrible así que le corresponde a él, preparar la cena.  Nacho contesta enfadado, que también ha tenido un día muy pesado, aún así, entra a la cocina a ver qué resuelve rápido.  Mientras que Ana, lucha con los niños para que se duchen. 

Más tarde, se encuentran todos en la mesa para cenar, frente a la televisión. Ana se da cuenta de que éste, es el único momento en que todos se han quedado tranquilos, pero solo porque están hipnotizados viendo la tele, sin nada que compartir en familia. 

Nacho, lee un cuento a Laura antes de dormir. David, se despide para ir a la cama, pero en realidad lo que quiere es esconderse en su habitación, para continuar con el videojuego.  

Ana, termina de limpiar el desorden que ha dejado Nacho en la cocina.  Mientras que, él se acomoda en el sofá a ver el noticiero, a la vez que mira su móvil, para desconectar y relajarse un rato. 

Al terminar Ana, se sienta en el sofá junto a él, a mirar las redes sociales en el móvil.  Hacen comentarios breves de cualquier post, noticia o anécdota del día, hasta que se van a la cama a dormir porque están muy cansados, y al día siguiente tienen otro día complicado.


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Ana intenta dormir, pero no puede hacerlo.  Se siente muy cansada, a la vez que muy frustrada por la vida gris que lleva. Ama a sus hijos, pero ya no soporta los conflictos entre ellos. Está cansada de tener que estar en todo, porque si no, la casa se viene abajo.

Está harta de que Nacho no tenga ninguna iniciativa en casa.  Si ella no se lo pide, no se le ocurre hacer nada de manera espontánea, y su hijo David, va por el mismo camino.  Cree que la magia en la pareja ya se extinguió definitivamente, “¿Desde hace cuánto tiempo no nos damos una escapada, los dos solos?”. 

David, pasa el día molestando a su hermana y no se centra en lo que tiene que hacer. Laura, por otro lado, tiene ese carácter tan difícil.  Cree que ya es grande, y puede decidir qué hacer en todo momento. ¿Cómo es posible que con seis años, continúe haciendo esos berrinches por todo? 

Al pensar en el trabajo, siente rabia, impotencia y frustración, porque su jefe, a lo único que presta atención, es a la hora que ella llega y se va. Pero no reconoce todo el esfuerzo que hace por cumplir con el trabajo, en menos horas que los demás.  Es más productiva que otros compañeros que trabajan jornada completa, pero desde que tiene la jornada reducida, no ha tenido ni más ascensos ni más subidas de sueldo. Su carrera brillante, se quedó eclipsada al ser madre.

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Mientras intenta dormir Ana piensa: “¿Será que no puedo tener todo lo que quiero? No puedo ser una buena madre y buena profesional, a la vez.  Tendré que conformarme con una carrera estancada, con unos compañeros de trabajo que piensan de mí, que soy una amargada.  Es que, definitivamente, tengo que estar encima de ellos y enfadarme para que podamos entregar los proyecto a tiempo. Además de la presión de mi jefe, que me tiene en la mira.  

¡Pero, si tampoco soy una buena madre! Intento serlo, pero paso todo el día discutiendo y gritando porque los niños no quieren hacerme caso.  Estoy agotada. No tengo ni un respiro para mí, para leer, hacer yoga, salir con mis amigas.

¿Hasta cuándo voy a seguir soportando todo esto? ¡Qué sola me siento luchando con todo y contra todo!  ¿Será hasta que mis hijos estén grandes y puedan valerse por sí mismo? Pero, ¿Cuándo será eso? ¿Será cuando se casen y se vayan de casa?... 

¡Pero, qué estoy pensando! Si yo quise tener a mis hijos para disfrutarlos, no para desear que se fueran de casa. ¿Qué me está pasando?… 

Con estas reflexiones y vencida por el cansancio, finalmente se duerme, hasta iniciar un nuevo día, igual al anterior.  Así transcurre el tiempo en la vida de Ana.  

Un buen día, se permitió compartir un café con su amiga Sara. Aprovecha la ocasión, para contarle toda su frustración y sus temores, de acabar con una familia completamente disfuncional o rota, mientras que, su pasión profesional también se apaga.

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Sara, la escucha atentamente, y al final dice: “Creo que tengo la solución para ti”.  Entonces, abre su bolso y saca un folleto con la publicidad de un taller para padres, llamado: “Cómo hablar para que los niños y adolescentes escuchen”.  

Ana, se queda mirando la publicidad y dice: 
“¿Serán ciertos todos estos beneficios? ¿Podré establecer límites sanos, sin gritos ni castigos? ¿Podré animar a los niños a colaborar? ¿Podré resolver los conflictos de manera pacífica? ¿Podré crear una atmósfera familiar de amor y respeto?  Parece muy bueno para ser cierto...”


 Taller Cómo hablar

 Sara contesta: 
“Pues, tengo entendido que es un método que funciona. Fíjate que ha sido probado por más de 40 años y ha dado la vuelta al mundo.  ¿Tu familia no será tan diferente a las demás, como para que no os funcione esto?  
Probablemente, también sirva para mejorar tus problemas de comunicación con tu pareja y en tu trabajo.  Es evidente que en todos los problemas que me comentas, está fallando la comunicación. Pienso que, asistiendo a este taller de padres, podrías encontrar muchas soluciones. 
Aunque, si no quieres ir al taller, y prefieres un proceso de acompañamiento personalizado, puedes también solicitar sesiones individuales de facilitación del método “Paternidad Efectiva”.  
Este método, va en la misma línea que el taller, de educación respetuosa, amorosa y con disciplina positiva.  Pero es un proceso más completo, personalizado y profundo. 
Otra cosa muy interesante, es que puedes tomar las sesiones individuales, on-line y en vivo, en una sala virtual, evitando pérdidas de tiempo en desplazamientos.  Es igual de efectivo, que asistir a las sesiones de forma presencial. 
Créeme, he probado el método "Paternidad Efectiva" y es maravilloso. Está revolucionando a miles de hogares en más de 100 países, porque te ayuda a tomar conciencia, para reparar las heridas emocionales, que son la verdadera causa de los comportamientos inadecuados, que podríais estar teniendo tanto tú como tus hijos. 
Este método, te dará también, muchas técnicas y estrategias, que podrás aplicar en casa, para cambiar la dinámica familiar, y de este modo, alcanzar la armonía que tanto deseas.  Fundamentado siempre, en la serenidad, las emociones y el respeto."

 Solicita una sesión gratis de diagnóstico on-line

Ana, se quedó pensativa... 
"¿Qué podría perder? No puedo seguir así, sintiéndome en un túnel sin salida, cada día más atrapada y perdida.  Esta información no ha llegado mi vida de forma casual, ha llegado en el momento que más lo necesito. Ésta, puede ser una pequeña luz al final del túnel.  
Y... ¿si funciona? ¿si logro que mis hijos sean más colaboradores? ¿qué se resuelvan los conflictos de forma positiva? ¿si no tengo que repetir la cosas una y otra vez hasta explotar? ¿si estas herramientas me funcionan también en el trabajo? Definitivamente, no es nada casual que esta información haya llegado a mí en este momento”. 
Ana, siguió el impulso de su intuición y se apuntó al taller. Compartió con otras madres y padres, y se llevó una agradable sorpresa, al ver que otras familias están pasando por la misma situación que la suya.  Encontró respuestas a sus problemas, y se llevó muchas herramientas de comunicación que pudo poner en práctica de inmediato en casa y en el trabajo. 

En muy poco tiempo, Ana notó, que se sentía más conectada con sus hijos y con su pareja.  Había alcanzado mucha complicidad y entendimiento en la familia.  En su trabajo, también se sentía más cercana a su equipo y a su jefe. Ahora, todos trabajan con motivación, y los proyectos salen delante con mayor fluidez.  Ana descubrió que al cambiar ella, su actitud y su forma de comunicarse con el mundo, el mundo le respondería de una forma diferente.

A partir de entonces, Ana supo que tenía que sanar y limpiar muchas heridas de su infancia, y así, sacar la mejor versión de sí misma para su familia. No puede ofrecer a sus hijos, lo que no tiene, lo que no ha sanado en su interior.  Por eso, también tomó las sesiones de facilitación del método "Paternidad Efectiva", y ahora ha logrado esa transformación de vida que anhelaba, desde hace mucho tiempo.  

De esta manera, se encontró en el hermoso camino del crecimiento personal, del cual nunca se apartará, porque la riqueza de la vida está en ser cada día mejor.


 Mira nuestros servicios

Ana, cada vez, se siente más cerca de su sueño.  Ya no se enfada como antes, siente que tiene más tiempo para sí misma y se encuentra con mayor energía y motivación.  Duerme profundo y tranquila. Se levanta cada día completamente descansada, motivada y con muy buen humor. Esto es, porque se acuesta cada noche, satisfecha y feliz, al lado de su marido, con el que ha recuperado la magia de antaño.  

Sus hijos se tratan entre ellos, con más cariño y respeto, colaboran en casa, y saben de antemano, lo que corresponde hacer a cada uno.  Sus peleas y berrinches prácticamente han desaparecido.  

La gastritis ha mejorado muchísimo, ya casi no la siente.  Ahora, lo que siente, es la felicidad de vivir en armonía y conectada con sus emociones y con las emociones de sus seres queridos, a la vez que renace la pasión por su trabajo.  

Todo esto, gracias al nuevo conocimiento y uso, de herramientas muy poderosas que han transformado su vida y la de su familia.


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Ahora dime... ¿Qué tanto resuena la vida de Ana, con la tuya? ¿Hasta cuando vas a esperar para comenzar a transformar los patrones que no te están funcionando?


Si vives en Madrid y quieres mejorar la comunicación con tus hijos, entonces, esto es para ti...
  http://comohablar.hijosfelices.com/

 Más información sobre los talleres

Si quieres conocer más sobre la facilitación, online y personalizada, del método Patrnidad Efectiva, solicita una sesión de diagnóstico gratis aquí. Por limitación de tiempo, seleccionaré sólo 10 personas con las que trabajar este método.  Solicita la sesión, si estás comprometido(a) con la transformación de tu vida y la de tu familia.


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viernes, 17 de agosto de 2018

¿Vives en Madrid y quieres solucionar los conflictos en tu hogar?

Si eres madre o padre, vives en Madrid y deseas mejorar la comunicación con tus hijos.
Si estás cansado(a) de tener que explotar o castigar, para que tus hijos obedezcan.
Si tienes dificultades en lograr que tus hijos colaboren en casa.

Si estás cansado(a) de tener que controlarlo todo para que el sistema familiar funcione.

Si ya no quieres más conflictos en tu hogar, que estallan por cualquier motivo.


 Taller Cómo hablar a tus hijos

Entonces, este mensaje es para ti...


La mayoría de los conflictos que tenemos con otras personas, en especial con nuestros seres queridos, radican en que no sabemos expresar de manera asertiva nuestras necesidades, opiniones o peticiones.  

Normalmente, espero que la otra persona me entienda, porque creo que es capaz de ver la situación tal como la yo la veo.  Pero cada cabeza es un mundo, y una misma realidad tiene diferentes puntos de vista.  

Esta situación se acentúa más cuando se trata de niños y adolescentes.  Ellos miran al mundo, de forma muy diferente a como lo hacemos los adultos.  Por eso, si quieres que tus hijos te escuchen y atiendan a tus peticiones o entiendan tu punto de vista, tienes que hablar de una manera diferente a cómo lo haces normalmente. 

Si cambias tu modo de hablar a tus hijos, te aseguro que lograrás mucha más apertura y colaboración por su parte, a la vez que conectarás mucho más con ellos.

Pero quiero decirte que hoy estás de suerte, nada es casual.  Si este artículo ha llegado a ti, es porque tienes que participar en el taller "Cómo hablar para que los niños y adolescentes escuchen". Está basado en la metodología desarrollada por las estadounidenses Adele Faber y Elaine Mazlish, que ha recorrido el mundo desde hace más de 40 años, con resultados maravillosos en la comunicación familiar.

A través de dinámicas interactivas con otros padres, podrás aprender y asimilar muchas técnicas de comunicación asertiva, que podrás aplicar con tus hijos y acabar con las luchas de poder que desgastan tanto la relación.  Herramientas que también te funcionarán en todas tus relaciones personales.

En este taller aprenderás a:

  • Expresar el enfado sin herir.
  • Establecer límites con alternativas al castigo.
  • Acompañar a los niños y adolescentes para gestionar sus emociones.
  • Estimular la autonomía y la colaboración en tus hijos.
  • Ayudar a tus hijos a desarrollar una imagen real y positiva de sí mismos.
  • Resolver los conflictos de manera pacífica.
El taller tiene una duración de 14 horas, que estarán distribuidas en 7 sesiones semanales, o 3 sábados intercalados.  Los horarios que ofrecemos son:
  • Martes de 16:30 a 18:30 horas. 7 semanas, a partir del 11 de septiembre.
  • Martes de 19:00 a 21:00 horas. 7 semanas, a partir del 11 de septiembre.
  • Sábados de 09:30 a 14:30 horas. Los días 15 y 29 de septiembre, y el 13 de octubre.
Si quieres una relación familiar sana, no dejes de apuntarte hoy mismo al taller "Cómo hablar para que los niños y adolescentes escuchen". Sólo tienes que hacer clic aquí para realizar tu inscripción. Los hijos crecen muy rápido, ésta es tu oportunidad para solucionar los problemas de comunicación que te roban tanta energía, y puedas lograr la armonía en tu hogar. 

Los cupos son limitados.  Sólo aceptamos un máximo de 10 personas por taller, para que todos podamos participar y profundizar la experiencia.  Por eso te invito a registrarte ahora mismo haciendo clic aquí.  Además, disfrutarás de un descuento del 20% si lo haces antes del 31 de agosto.

 http://comohablar.hijosfelices.com/


Nos vemos en el taller…


 Taller Cómo hablar a tus hijos


miércoles, 15 de agosto de 2018

Cómo guiar el comportamiento de nuestros hijos


¿Cuándo fue la última vez que gritaste y explotaste con alguno de tus hijos? ¿Te ocurre con frecuencia? ¿Te has sentido culpable después de reaccionar de esta manera? ¿O más bien implosionas, guardando y acumulando el enfado sintiéndote cada día peor?

Es normal que, con las tensiones y el cansancio de la rutina diaria, descienda tu nivel de energía y con ello, descienda también el nivel de paciencia con tus hijos.  Además, es probable que tus hijos no te hagan caso a la primera y esto te crispa los nervios.  Quizás, con cierta frecuencia, reaccionas de una manera exagerada con cualquier comportamiento que no toleras de tus hijos, y acabas lastimando sus sentimientos para luego sentirte culpable.

Recuerda que los niños aprenden más con el ejemplo que con las palabras.  Si quieres que tus hijos aprendan a gestionar sus emociones y sus comportamientos, tú debes dar el ejemplo.  El hecho de gritar y explotar le genera al niño inseguridad y desconfianza. Además, si estas reacciones van acompañadas de amenazas, castigos, golpes u ofensas, estarás lastimando también su autoestima y su sentido de valor personal.  

Todo esto, trae como consecuencia que el niño vaya empeorando su comportamiento y tú también reacciones cada vez peor. De esta manera, entras con tus hijos en un círculo vicioso de malos comportamientos, explosiones y sentimientos de culpa que denominamos "Patrón Reactivo". Lo peor de todo, es que al final, en vez de educar niños sanos y felices, estaremos educando hijos heridos, con baja autoestima, tal vez sumisos, agresivos o apáticos.  

Está en tus manos la responsabilidad de romper este patrón reactivo.  Es muy simple pero no tan sencillo.  Requerirá un poco de práctica, porque este es un patrón que está totalmente arraigado en tu inconsciente y por ello se manifiesta de forma automática.  Observas el comportamiento, sientes hervir tu sangre y reaccionas de inmediato, ya sea con explosión o implosión.  Pero no te preocupes por las oportunidades para practicar, porque tus hijos seguramente se encargarán de propiciar estas situaciones con frecuencia 😉

En primer lugar, incluye en tu rutina diaria momentos de conexión con tu interior, con tus propias emociones, y de esta manera recargarás energía. Para poder dar lo mejor de nosotros mismos, debemos hacer buen uso de nuestra energía.  Mientras más elevada y estable se encuentre, y cuanto más conectados estemos con nuestras propias emociones, encontraremos más serenidad.  Esto es fundamental para conectar con las emociones de nuestros hijos y estar menos irritables. De esta forma, estaremos preparados para responder con inteligencia emocional.

De igual manera, cuida también que se respete el bio-ritmo de tus hijos, para que su energía también se encuentre en niveles adecuados. Esto permitirá mantener alejados los comportamientos no deseados. Un niño cansado, con sueño o hambre, estará más propenso a comportase de forma inadecuada.

Por otra parte, los niños son nuestros mejores maestros, ellos son espejos de los patrones que debemos trabajar en nuestro ser. Si observamos en profundidad la dinámica de lo que ocurre dentro de nuestro patrón reactivo, los hijos no son la verdadera causa de las reacciones que tenemos. Simplemente, ellos con su comportamiento, están tocando el detonador de una parte de nuestra historia personal, que aún no hemos sanado.

Detente un momento a reflexionar con estas preguntas: ¿Cuáles son los comportamientos de mis hijos con los que peor reacciono? ¿Qué heridas de mi infancia estarán tocando? ¿Qué introyecto o regla impuesta por mis padres o la sociedad se está quebrantando con cada uno de estos comportamientos? ¿Realmente estos comportamientos ameritan mi reacción? ¿Qué hacían mis padres cuando yo me comportaba de esta manera? ¿De qué parte de mi historia viene esta reacción?

Encontrarás algunas respuestas interesantes con estas preguntas, pero también es posible que no logres verlo con total claridad, porque estas respuestas suelen estar en un rincón de nuestra mente inconsciente que el consciente no es capaz de ver.  Muchas veces, necesitamos algún tipo de terapia o vivir una situación verdaderamente difícil para poder quitar la venda de los ojos y comenzar a ver esa zona ciega, mostrándonos lo que realmente está en el fondo y nos hace reaccionar.  Este es el paso que requiere mayor trabajo interior.

Por último, piensa en una persona que admires por su asertividad, ese modelo que te gustaría seguir. Puede ser alguien de tu familia o alguien de la historia de la humanidad o un personaje de ficción.  Una vez que lo tengas identificado, cada vez que se presente una situación en la que sueles reaccionar, si estás en contacto con tus emociones, podrás identificar rápidamente que se aproxima la reacción y podrás romper el patrón. ¿Cómo? Detente, respira profundo unas cuantas veces, contacta con tu propia emoción, identifica la emoción de tu hijo en ese momento, y pregúntate ¿qué haría esta persona que admiro en mi lugar?

Te sorprenderás de la respuesta que surgirá de tu sabiduría interna. Puedes expresar los límites con mucha claridad, firmeza y serenidad, respondiendo con sabiduría y no reaccionando desde tus heridas e introyectos. Cuando lo haces de esta manera, los niños entienden mejor el límite y respetan más la autoridad.

Te invito a poner en práctica estos pasos, profundizando cada vez más en tu historia personal, y notarás pronto un cambio en tus reacciones y una gran mejora en el comportamiento de tus hijos.  

Es momento de abandonar las viejas prácticas que no están funcionando en tu relación con tus hijos y tomar las riendas de una educación desde el SER para una educación armónica, donde tus hijos crecerán sanos y felices.

¿Vives en Madrid y quieres mejorar la comunicación con tus hijos? Entonces, esto es para ti...  http://comohablar.hijosfelices.com/


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El ejemplo como legado para tus hijos

Como padre o madre, normalmente,queremos lo mejor para nuestros hijos. Soñamos con un futuro lleno de éxito y felicidad para ellos. ...