viernes, 27 de octubre de 2017

¿Trabajas en lo que quieres y como quieres?


No me sorprendería que tu respuesta a esta pregunta sea negativa. Lamentablemente, hoy en día nos vemos inmersos en un ritmo y una dirección que sentimos que se nos escapa de nuestras manos, porque vamos arrastrados por la inercia de la evolución de la sociedad.

Quizá hemos pasado de la revolución industrial a la tecnológica, a un ritmo muy acelerado.  Con la globalización y la explosión demográfica, podríamos pensar que es muy difícil ser auténticos y vivir de nuestras pasiones.  Sentimos que cada vez hay más competencia en todas las áreas y es más difícil encajar y destacar en cualquier lugar.  Por eso nos sentimos más temerosos e incapaces de salir de nuestra zona de conformismo.

No nos atrevemos a dar un paso a desarrollar nuestros dones y pasiones, porque pensamos que no podemos vivir de ello.  ¿Qué hubiese sido de la música, si grandes compositores como Beethoven o Mozart hubiesen pensado de esa manera? ¿Qué sería hoy de nuestra historia si nadie se hubiese atrevido a abandonar la costas del continente europeo como lo hizo Colón en su momento? ¿Qué sería de la tecnología si nadie se hubiese atrevido a desarrollar el primer ordenador personal? ¿Qué sería de los avances en medicina si nadie se hubiese atrevido a diseccionar y estudiar la anatomía del cuerpo humano?

Todas las épocas han sido difíciles para quienes las vivieron.  Los investigadores estadistas de Oxford y Harvard, aseguran que vivimos en la época más pacífica de la historia de la humanidad.  Es solo una percepción pensar que ahora hay más violencia y desgracias que antes. Esto es causado por el fenómeno actual de la información instantánea, en donde nos enteramos de forma casi inmediata de las catástrofes de hasta el último rincón del planeta.  En cambio, hace apenas un tiempo atrás, la gente solamente se percataba de lo que ocurría a pocos kilómetros de distancia. Si los medios de comunicación se enfocaran más a informar sobre las buenas noticias, estaríamos inundados de información que nos harían más optimistas y felices, pero lamentablemente las malas noticias se venden mucho mejor.

Estamos acostumbrados a enfocarnos en lo negativo, en lo desagradable, en los problemas.  Cuando nos planteamos una remota posibilidad de un cambio positivo, ahogamos esa pensamiento con muchos otros totalmente pesimistas, productos del miedo.  Esto hace que abandonemos la idea de cambio, mucho antes de comenzar a trazar un plan de acción.  Imagina lo diferente que sería tu vida si todas las decisiones que has tomado hasta ahora, las hubieses tomado desde la inspiración y no desde el pesimismo o el miedo al fracaso.

Así como en épocas anteriores, toda persona que asume un compromiso consigo mismo, puede encontrar el  sentido de su vida y desarrollar lo que necesite para llevarlo a cabo.  Si trazas un objetivo claro, una estrategia a seguir y decides mantener la constancia, podrías dejar un trabajo que te desagrada o con el que te sientes estancado, para dedicarte a hacer algo con lo que te sientas feliz, conectado, motivado e inspirado.

Es cierto, hoy hay mucha competitividad en el mercado, ya que la población mundial en breve alcanzará los 7 mil millones de personas, pero en vez de ver esto como una limitación, porque no lo ves como una gran oportunidad.  La explosión demográfica sumado a los avances tecnológicos, nos dan la maravillosa oportunidad de conectar con muchísima gente.  Abre tu mente, piensa... ¿cómo podrías utilizar estas nuevas posibilidades a tu favor?  ¿Qué habilidad te gustaría desarrollar? ¿Qué tipo de trabajo te gustaría desempeñar? ¿A qué tipo de personas te gustaría servir? ¿Qué huella te gustaría dejar en el mundo?

Conecta con tus pasiones, desarrolla tus dones, escucha a tu intuición, descubre tu misión en esta vida.  Todos hemos venido a aprender y a compartir algo maravilloso con el mundo. Si te sientes incomprendido y poco aceptado por tu entorno, busca tu verdadera tribu. En cualquier lugar podrás encontrar personas que resuenen contigo, que tengan tus mismos intereses y con los que te sentirás muy bien.  Por ejemplo, las redes sociales son ideales para esto.  Y en todo este proceso, no olvides pensar en cómo monetizar lo que haces.  Si eres capaz de hacer algo bien, puedes vivir de ello, solo debes aprender la manera de hacerlo.  No lo descartes pensando que los músicos o los científicos o lo que quieras ser, se mueren de hambre. Nadie se muere de hambre por desarrollar su pasión, solo se muere de hambre quien no aprende a vender su arte.  Puedes ser el mejor carpintero de la ciudad, pero si no das a conocer tu trabajo, nadie te comprará.  Así que el error está en pensar que la habilidad es lo que tiene precio.  La habilidad que desarrolles es invaluable, el precio viene dado por tu capacidad para negociar.

Llegado a este punto, te estarás diciendo "Pero si yo no sé negociar", pues acabas de descubrir un área de mejora en tu vida.  Además, no te engañes, todo en la vida es una negociación, pasas el día negociando en tu trabajo, con tus amigos, con tu pareja, con tus hijos.  Si tienes hijos o sobrinos, te habrás dado cuenta lo hábiles que son los niños para salirse con la suya. ¿Por qué no podrías hacer lo mismo?.  Y esto no tiene nada que ver con engañar o manipular, que es lo que muchas personas entienden cuando escuchan la palabra "venta" o "negociación". Se trata más bien, en reconocer el valor de lo puedes aportar a otros, e identificar  y llegar a quienes les interesa lo que haces y quieren que les ayudes.

"Cualquier cosa que la mente pueda concebir y creer, puede ser conseguida" Napoleón Hill.

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viernes, 20 de octubre de 2017

¿Buscas la felicidad?

Detente un momento. Yo te diré dónde está...


Ponle freno a esa búsqueda frenética de la felicidad.  Vives ilusionado, o más bien engañado, con la convicción de que la felicidad está después de alcanzar la meta. Te dices frases como, "Cuando tenga dinero seré feliz", "Cuando consiga ese puesto de trabajo seré feliz", "Cuando encuentre la pareja de mis sueños...", "Cuando mi pareja cambie...", "Cuando tenga hijos...", "Cuando elimine estos kilitos demás..", "Cuando...", "Cuando...", "Cuando..." 

¿Cuántos "Cuándo" has dicho en tu vida y mientras tanto qué? 

Vives tu vida con amargura porque no tienes lo que sueñas, te quejas de todo y no disfrutas nada.  Te obsesionas con que la felicidad está al final del camino, pero miras hacia adelante con frustración porque te das cuenta de que el camino es largo y duro.  Miras hacia atrás con melancolía o tristeza por lo que has vivido.  Miras a tu alrededor y te sientes desdichada porque otros han alcanzado eso que tanto anhelas y para ti todavía es apenas un sueño casi inalcanzable.

Así pasas la vida, enfocado en los problemas, las dificultades, las carencias, las necesidades, y todavía sigues esperando ese gran momento que te cambiará la vida.

¿Te has parado a pensar en algún momento, qué pasaría si alcanzas esa meta y no te llena con la felicidad que esperabas? Seguro que te ha sucedido antes, que has puesto toda la ilusión en una meta y cuando la has logrado, te decepcionas porque no sientes esa felicidad que pensaste que sentirías.  Luego te ilusionas con un nuevo objetivo porque detrás de ese sí que está la verdadera felicidad. ¿Qué pasaría si detrás de cada meta que te propones no encuentras la felicidad?  ¿Serás infeliz toda tu vida?

Este es un grave error que cometemos con frecuencia.  No nos gusta nuestra vida actual y la mejor forma de aguantarla es poniendo toda nuestra esperanza en un futuro por venir, pero que al mismo lo vemos tan lejano que no sabemos ni siquiera cómo dirigirnos hacia él.  Muchas veces, simplemente nos sentamos a orar o a pedir a la poderosa ley de atracción que nos traiga por arte de magia, eso que necesitamos, que no sabemos muy bien qué es, pero estamos seguros de que nos hará felices.  Pero sin comprometernos a cambiar actitud y sin mover un dedo por obtener lo que queremos. Como quien desea ganar la lotería y además espera encontrar el billete ganador en el suelo porque lo ha pedido así a la energía cósmica del universo.  

Pues lamento decirte que desde esa postura no vas a atraer nada a tu vida que te llene de felicidad, sencillamente porque si bien es cierto que la ley de atracción existe, también es verdad que tiene mucho que ver con el tipo de energía con la que estás vibrando.  

No estoy diciendo que no te traces metas, por el contrario, tener objetivos nos ayuda a crecer como personas y es la base fundamental para alcanzar el éxito, pero no es lo único que necesitas trabajar en ti.  También tienes que gestionar un cambio de pensamientos y emociones, para vibrar en otro nivel energético. No puedes pedir abundancia viviendo el miedo constante de la escasez. No puedes pedir la pareja perfecta que te dará la felicidad, cuando tú mismo eres incapaz de hacerte feliz y te encuentras en un estado emocional de necesidad y dependencia, donde crees que otro debe asumir la responsabilidad de tu felicidad.  

El gran error es pensar que la felicidad es el objetivo.  Todo lo contrario, la felicidad es el medio, el camino para llegar a tus objetivos.  Cuando comiences a trasmutar la energía de la apatía, los miedos, la dependencia, la envidia, la melancolía, el enfado y la ansiedad, para comenzar a vibrar con la energía del amor, el optimismo, la confianza, la abundancia, la plenitud, la armonía y la libertad, habrás encontrado el camino de la felicidad.  

No puedes esperar que nada ni nadie te haga feliz,  la felicidad no vendrá a ti desde afuera, la felicidad debe emanar desde lo más profundo de ti.  A partir de esa energía, atraerás todo lo que quieras.  La felicidad será lo que te impulsará a hacer realidad tus sueños y el secreto está en disfrutar de cada paso en ese maravilloso viaje.

Quizá seas un poco escéptico con esto del poder de la ley de atracción, pero es algo que no lo digo yo, sino que ya está demostrado científicamente por la física cuántica.  Los pensamientos provocan emociones en ti que hacen que segregues químicos en tu cuerpo, que son liberados fuera de ti en forma de campo magnético.  Esto es lo que hace que atraigas todo lo que esté en sintonía con el mismo nivel energético que emanas.  No soy una experta en física para explicar esto, pero si tienes curiosidad, puedes encontrar mucha información científica al respecto.

Lo cierto es, que si cambias tu forma de pensar, cambias tu enfoque y la percepción que tienes sobre tu vida y tu entorno, tendrás el poder para que ese entorno se transforme y se sincronice con tu nivel energético.  

Deja de perder el tiempo en lamentos, temores, ira, resentimientos, culpa y amargura.  Comienza a enfocarte en toda la abundancia y las cosas buenas que tienes a tu disposición, agradece por ellas, y verás como cambiarás tus emociones y sentirás una felicidad plena, que brota desde lo más profundo de ti y que nada ni nadie podrá arrebatarte.  De esa energía y actitud, surgirá toda la claridad, creatividad y pasión, para ponerte en marcha y lograr todo lo que te propongas.  

No tendrás una segunda oportunidad de vivir la vida que tienes ahora, sácale el máximo provecho, siendo feliz desde este mismo momento.   Te sorprenderás de todo lo que eres capaz de lograr en cuanto cambies tu nivel de conciencia y tus emociones. No te obsesiones de los resultados que quieres obtener. Por el contrario, enamórate y disfruta del proceso. Esto te mantendrá con un nivel de energía tan óptimo, que los resultados vendrán cuando menos te lo esperes y no te sentirás agotado por el esfuerzo.

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Te deseo una vida llena de éxitos!!!

viernes, 13 de octubre de 2017

¡Supera tus límites y alcanza la maestría!


¿Sabías que la percepción que tengas de ti mismo es el factor más influyente para tener éxito en la vida? 


La percepción que tenemos de nosotros mismos va a determinar nuestra identidad.  Lo que asumimos como identidad determina nuestra forma de actuar.  Si piensas que no eres bueno para la música, nunca vas a tener la actitud ni el compromiso para aprender a tocar ningún instrumento.  Si piensas que eres tímido, no te atreverías a hacer muchas cosas, como por ejemplo, hablar en público.  

Pero... ¿realmente eres lo que piensas de ti? ¿Cuántos límites te has impuesto que solo existen en tu mente?

"Tanto si piensas que puedes como si piensas que no, tienes razón".  
Henry Ford.

Vamos a suponer que hasta ahora tú te has considerado una persona tímida.  ¿Qué pasaría si un día simplemente decides que te quieres convertir en una persona totalmente extrovertida?  ¿No crees que te atreverías a hacer cosas que antes eran impensables para ti? 

Es posible que los primeros días no sepas muy bien cómo actuar, porque en tu neurología no se encuentran registros suficientes sobre cómo ser extrovertido.  Pero te aseguro que si comienzas a estudiar a las personas extrovertidas y practicas sus patrones de comportamiento, en principio te sentirás un poco incómodo, pero con la repetición lo integrarás en tu neurología y comenzarás a actuar de forma extrovertida de manera de natural, ampliando así los límites de tu zona de confort.  

Realmente, todo proceso de aprendizaje comienza por la observación y la práctica consciente.  Hasta que un día dominas la técnica y la ejecutas de forma automática.  En este proceso de integrar una nueva habilidad en nuestra neurología, pasamos por los siguientes cuatro niveles de competencias:

Incompetente Inconsciente: Aún no has reconocido que te falta adquirir alguna habilidad. 
Incompetente Consciente:  Ya eres consciente de que tienes que trabajar sobre esa habilidad. 
Competente Consciente: Eres competente solo cuando realizas la acción enfocando en ella toda tu atención, de forma muy consciente.
Competente Inconsciente: La nueva habilidad la ejecutas de forma automática y natural, pudiendo prestar atención a otros eventos, al mismo tiempo.  

Para ejemplificar estos niveles de competencia, vamos a centrarnos en el proceso de aprender a conducir un coche:

 Cuando eres adolescente, eres incompetente inconsciente porque crees que conducir es muy fácil ya que nunca lo has intentado. Se podría decir también que eres un optimista inconsciente. Es ese momento previo al inicio de un proyecto que te sientes muy positivo y poderoso. 

Cuando conduces por primera vez y se te cala el coche al primer intento de avanzar, o no puedes aparcar, te conviertes en un incompetente consciente.  Aquí tienes que cuidar mucho tu diálogo interno porque es cuando se presentan pensamientos como: "Esto no es para mí", "No nací para esto". La mayoría pierde el optimismo inicial, transformándolo en un pesimismo consciente y abandonan sus sueños.

Sí continuas firme en tu decisión de seguir adelante, tomas unas cuantas clases de conducir, convirtiéndote en un competente consciente.  Realizas todas las acciones prestando mucha atención a cada cambio de velocidad, pisar el embrague y el freno a la vez, reconocer y reaccionar de formar adecuada a las señales de tránsito. Si te distraes un poco, puede ser que te confundas y se te cale el coche en cualquier esquina, o sobre-revoluciones el motor.  Este nivel de competencia requiere de mucha disciplina, pasión y compromiso para no cansarte pronto y abandonar, antes de poder disfrutar de verdaderos resultados de tu trabajo y esfuerzo.

 Si te mantienes enfocado trabajando en tu objetivo, es decir, ya llevas tiempo conduciendo, te conviertes en un competente inconsciente. Dejas de pensar en que tienes que frenar pisando los dos pedales, no tienes que estar concentrado de los movimientos que debes hacer con la palanca de cambios, y mucho menos, tienes que analizar cuál debe ser tu reacción cuando ves una señal de tránsito.  Puedes también conducir y aparcar mientras hablas con tu acompañante.  En este nivel, la habilidad de conducir ya está integrada en tu neurología y es el inconsciente el que se encarga de realizar ese trabajo, para que tu mente consciente pueda realizar otras tareas y aprender nuevas habilidades. 

Es en el cuarto nivel cuando has conseguido la maestría en el dominio de la habilidad por la que tanto trabajaste.   Es el momento en que un pianista demuestra su virtuosismo en un concierto y la gente que lo escucha cree que nació con un don especial.  Lo cierto es que todos nacemos con los dones para desempeñar cualquier habilidad con maestría, la diferencia es que algunos trabajan en desarrollarla y otros se imponen límites mentales.

Nuestra mente es un gran ordenador sin límite de almacenamiento y con una velocidad de procesamiento impresionante, que ninguna máquina en el mundo ha podido igualar.  ¿Sabes el poder que puedes tener si aprendes a programarla de manera adecuada y con objetivos claros y precisos?    

Estudia y practica todas las habilidades que necesites desarrollar para alcanzar el éxito en tu vida.  Cuestiona siempre las barreras mentales que has tenido hasta ahora y que han determinado tu identidad.  Tú puedes ser quien quieras ser.  No tienes por qué continuar apegado a una identidad que no te permite avanzar. En la medida en que tu auto-imagen sea de una persona capaz de adquirir cualquier habilidad y tengas el compromiso de lograrlo, el éxito estará en tus manos.

El ejemplo como legado para tus hijos

Como padre o madre, normalmente,queremos lo mejor para nuestros hijos. Soñamos con un futuro lleno de éxito y felicidad para ellos. ...